El binomio del éxito en el PLD puede ser ahora la causa de la división

El binomio del éxito en el PLD puede ser ahora la causa de la división
Todo indica que la unidad del PLD depende de un acuerdo entre Danilo Medina y Leonel Fernández. Henry Santiago
En la etapa del peledeísmo pragmático, Leonel Fernández y Danilo Medina han sido los dos principales actores

Tras la desaparición física de Juan Bosch, el Partido de La Liberación Dominicana (PLD) deja atrás el modelo de liderazgo unipersonal y pasa a ser manejado por dos líderes, un esquema que hasta ahora le ha funcionado, pero que entraña grandes riesgos, lo cual ha quedado evidenciado en tres episodios específicos de la historia reciente.

Leonel Fernández y Danilo Medina fueron dos de las figuras principales de la transición del PLD, por el rol que jugaron en la conversión de un partido de cuadros a uno de masas. Un proceso que ha tenido sus bemoles, pero cuyo balance es, en la práctica, altamente positivo, a juzgar por la cantidad de triunfos electorales logrados en los últimos años.

Medina y Fernández no fueron los únicos protagonistas de la transición, pero sí los que más lejos han llegado, al punto de que solo ellos han alcanzado la Presidencia de la República, algo que ni siquiera pudo conseguir Bosch en la boleta morada, donde apareció cinco veces como candidato presidencial.

Bosch, en el PLD, se fue de cinco-cero, mientras que sus dos pupilos, entre los dos, tienen récord de cinco triunfos en seis participaciones. La única derrota se le cuenta al actual Presidente.
Otros dirigentes que jugaron roles estelares cuando el PLD se masificó no han logrado convertirse en líderes, y se les hace tarde para la candidatura presidencial, aunque algunos lo han intentado. Al parecer, “ya los dejó la guagua”. Y el relevo, apenas se asoma, pero sin muchas posibilidades de éxito mientras los dos titanes del peledeísmo mantengan vigencia. Tan fuerte y abarcador ha sido el liderazgo de ambos dirigentes en la organización que se ha dicho que la sigla “PLD” significa “Partido de Leonel y Danilo”. Se dice como broma, pero en la práctica, ese es el PLD de ahora.

Los choques

Antes y después de Bosch, el PLD ha sabido mantener la cohesión interna. Pero en la etapa dominada por Medina y Fernández, la unidad ha estado amenazada en tres momentos particulares.

El primer episodio crítico fue en el 2007, cuando ambos aspiraron a la candidatura presidencial para las elecciones del año siguiente. De hecho, fue en ese momento cuando se produjo la separación de dos compañeros que, hasta ese momento, se complementaban y luchaban en pareja.

Medina decidió dejar la secretaría de la Presidencia para competir por la nominación presidencial y fue derrotado por su antiguo aliado. El proceso fue intenso, y hubo señalamientos agrios de lado y lado. El más fuerte fue el “me venció el Estado”, pronunciado por Danilo al conocerse de su derrota. Él nunca se integró a la campaña de Leonel, aunque sí lo hicieron los danilistas, por instrucciones suyas, por lo que la unidad se mantuvo y los morados retuvieron el poder sin dificultad.

La otra coyuntura difícil se dio en el 2015. Aquí se puede hablar de una verdadera crisis. Mientras Fernández se preparaba para aspirar y decía que su candidatura dependía del curso de “los vientos”, una verdadera tormenta reeleccionista se llevó de encuentro sus aspiraciones. Había un fuerte tufo a división que luego se fue disipando con un acuerdo interno que, entre otras cosas, permitió la repostulación no solo del Presidente, sino de los legisladores del partido morado.

El momento actual

El otro momento es el actual, cuando Fernández quiere volver y trabaja intensamente para ello, mientras Medina, aunque constitucionalmente no puede optar por un nuevo mandato, es aupado para que busque la vía para postularse nuevamente, algo a lo que no ha dicho que sí, pero tampoco que no. Mientras “el caso se averigua”, hay todo un cruce de ataques entre leonelistas y danilistas, sobre todo en las redes sociales. Y cerca de una decena de aspirantes se ha activado con la esperanza de lograr la candidatura, para lo cual, cualquiera de ellos necesitaría el apoyo de los grandes líderes, o al menos de uno de los dos.

Cuando uno de los dos aspira

En las ocasiones en que solo uno de los dos grandes aspira a la candidatura presidencial, y el otro no, la unidad se ha mantenido y el camino hacia el poder ha sido despejado. En el 1996, fue el primer triunfo de los morados, con Leonel a la cabeza, un proceso en el que Danilo jugó el papel de armador y estratega.
Encarnando el relevo generacional, Fernández ganó ampliamente la candidatura a dos veteranos: Norge Botello y Euclides Gutiérrez Félix. Y luego obtuvo una histórica victoria en la segunda vuelta, frente a Peña Gómez, pero con un consistente apoyo del presidente Joaquín Balaguer y el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC).

En el proceso siguiente, Medina, secretario de la Presidencia, obtuvo la candidatura tras ganarle en un proceso interno a Jaime David Fernández Mirabal, entonces vicepresidente, y perdió las elecciones de Hipólito Mejía.

Para el 2004, se mantenía la alianza Fernández-Medina. Leonel vuelve como candidato ganando fácilmente la competencia interna, donde enfrentó a Fernández Mirabal, cuyos mejores días en política habían pasado. En los comicios, le ganó holgadamente al presidente Mejía, quien intentó reelegirse, para lo cual reformó la Constitución de la República.

En el proceso del 2008 vino el conflicto, pues Medina ya no quería atajar para que “el profesor” enlazara.

Para las elecciones del 2012, había un debate jurídico sobre la facultad constitucional de Leonel Fernández para repostularse, pero éste no lo intentó y Danilo Medina logró la candidatura, tras ganarle en un proceso interno a Francisco Domínguez Brito, José Tomás Pérez y Rhadamés Segura. Fernández se integró de lleno a la campaña y fue clave en el triunfo de Medina, quien en algún momento estuvo casi 20 puntos por debajo de Mejía. Parecía que se había dado la reconciliación. Pero no fue así, lo cual ha quedado claro en los dos procesos siguientes.

Situación actual

El panorama luce ahora mucho más complejo que en el 2015. De hecho, hay varios posibles escenarios, y algunos de ellos podrían conducir a la división, o al menos a la fragmentación. Por ejemplo, si se reforma la Constitución para permitir la reelección de Medina, se cree que Fernández iría como candidato por otros partidos. Él nunca ha hablado de esa posibilidad, pero muchos leonelistas se han encargado de que se sepa que “el líder” está dispuesto a eso.

Si Fernández es candidato por encima del danilismo, figuras de ese sector, podrían quedarse sentadas, una práctica común en la política dominicana, aunque casi nunca se da entre los morados. Hay otros escenarios, pero todo indica que preservar la unidad dependerá de un acuerdo entre los dos líderes que implique que uno de ellos sea el candidato, o que ambos respalden a una tercera figura.

En el argot del béisbol, se diría que todavía falta mucha pelota…

Quien llega a la Presidencia controla el partido

Leonel y Danilo controlan el PLD desde hace mucho tiempo. Pero, ¿quién tiene mayor dominio de la estructura de la organización política? La respuesta depende de quién ocupe la Presidencia de la República en el momento es que se haga esa interrogante.

Así lo demuestran los hechos. El que tiene el cargo de Presidente de la Nación normalmente tiene mayoría en el Comité Central y el Comité Político del PLD. Pero también cuenta con el respaldo de la mayoría de los senadores, diputados y alcaldes del peledeísmo.
De esa mayoría en casi todas las instancias goza ahora Medina, como la tuvo antes Fernández.

Aunque, por supuesto, cada líder tiene un grupo de seguidores que se mantienen fieles y no se cambian. Pero son más los que han variado su posición de acuerdo a quién controle el poder público.