José Ramón Peralta en el centro de “todo”

José Ramón Peralta en el centro de “todo”

José Ramón Peralta, el siempre mencionado ministro administrativo de la Presidencia, es una especie de salvación para los periodistas que cubren la fuente del Palacio Nacional y una tablita de picar para los adversarios del régimen del presidente Medina.

Vocero político de Medina, ha tomado tan en serio su papel en el gobierno que una vez el presidente prometió en una de sus visitas sorpresas a un grupo de campesinos que solucionaría el problema que le planteaban, y uno de ellos gritó: “Peralta el que resuelve”.

El grito tenía implícita una queja contra la generalidad de los funcionarios del gobierno que no le ponen caso a los llamados compañeritos de la base, ni tampoco a los compañeros grandes como lo demuestran las quejas y denuncias de quienes los sustituyen en los cargos.

La carga que lleva el funcionario no debe ser poca. A su despacho acuden los compañeritos, los políticos que buscan ayuda, los de construcciones públicas que dependen del ministerio y hasta los obispos que quieren que construyan sus iglesias o las remodelen. El trabajo de ese puesto público hace que Peralta tenga escaso o ningún tiempo libre, porque debe acompañar al presidente Medina en las llamadas visitas sorpresas, las inauguraciones de obras, en los palazos y aperturas de hoteles y en los viajes al exterior.

Mucho de lo bueno del gobierno se le podría atribuir, pero algo de lo que los críticos plantean como negativo. Hace días una periodista denunció que su despacho había adquirido una gran cantidad de bebidas alcohólicas y asuntos relacionados.

Como se planteó el tema se habría pensado que se trataba de algo no oficial, impensable en cualquier persona por más adicta que fuera a la bebida. Indagando se pudo saber que por el Administrativo se manejan las compras para los actos del Palacio Nacional.

En las misiones diplomáticas acreditadas en Santo Domingo, ordenan con la venia de la Cancillería, cajas de bebidas fuertes, de vinos y utensilios de bar. Lo que se hace es que se aprueban las cajas y se van retirando poco a poco. A veces el retiro es mínimo sobre consumo.

En mis días de embajador en Haití y Ecuador la embajada solía pedir la exoneración de una cantidad de cajas de bebidas que se consideraba serían utilizadas en recepciones durante un período determinado. De ellas en realidad se reputaban como consumidas las pagadas.

A un (a) periodista novel se le puede sorprender en su supuesta buena fe si al momento de recibir una denuncia no indaga ciertos detalles, como por ejemplo que en el Palacio se deben adquirir cosas como cerrajerías y griferías clásicas de acuerdo al estilo del recinto.

Un Palacio degradado
El Palacio Nacional ha sido degradado a través de los años. Los funcionaros que trabajaban allí recuerdan que solamente lo visitaban personas que tenían audiencias de alto nivel. En la Era de Trujillo nadie podía ir sin una rigurosa autorización y debía retirarse pronto.

Después con los primeros ocho años de la Presidencia del doctor Balaguer, las cosas empezaron a desmejorar aunque el protocolo mantenía bastante orden y el gobernante, que no había perdido la visión, encabezaba recepciones bien montadas como en todos los palacios.

Balaguer, quien había sido diplomático en países de alguna tradición, sabía que no podía dejar “morir de aburrimiento” a los embajadores acreditados en Santo Domingo, que suelen ver al presidente el día de la presentación de sus cartas credenciales y nunca más.

Un periodista cuenta que en sus días de estudiante secundario fue junto a una comisión a presentar unos reclamos al Palacio Nacional. Lo recibió monseñor Pérez Sánchez, encargado del tema educación en el entonces Consejo de Estado (1962).

Cuando se despedían el sacerdote preguntó si tenían transporte para retornar a la escuela. Ante la respuesta negativa ordenó a Transportación un vehículo, un sedán chevrolet del año. Aquel estudiante, ahora periodista, tendría después una experiencia muy diferente.

El periodista fue al Palacio a hacer un reclamo de su pensión y al término de la diligencia pidió que le llamaran un taxi de una compañía de las que abundan en la capital. Fueron gentiles al llamar a Transportación para llevarlo, esta vez, en una camioneta.

En 1984 el entonces presidente Jorge Blanco recibió la visita del presidente del Ecuador, León Febres Cordero, quien durante su campaña electoral había puesto como un mal ejemplo a República Dominicana por sus “interminables” disputas entre los políticos. Aunque tenido como muy austero, Jorge Blanco le ofreció a Febres Cordero una recepción igualmente austera en uno de los salones pequeños del palacio. Cuando los dos gobernantes se retiraron como la mayoría de los invitados, los criados y soldados del Palacio literalmente asaltaron lo que sobró en las mesas.

Peralta, la confianza
Cuando el año pasado el presidente Medina, contra muchas opiniones, decidió que era el momento de restablecer relaciones con la República Popular de China, el ministro Peralta fue el comisionado junto al canciller Vargas en las negociaciones en el exterior. En encargo tenía que ser bajo total discreción y nunca cumplido por “tiradores de cantina”.

Ese fue el secreto mejor guardado. El anuncio formulado simultáneamente en Beijing y Santo Domingo sorprendió a todos, motivó el truño de los que favorecían las relaciones con Taiwán, pero alentó a los empresarios que están ya negociando con el gran país asiático.

El ministro Peralta le hace la vida fácil a los reporteros y funge como un pararrayos. Si alguna noticia de portada que están esperando para llenar su cometido de cubrir la fuente, saldría de la voz del ministro administrativo, generalmente sonriente y bien articulado.

Hace dos años, mientras el país era agitado por la bulla de Marcha Verde, el ministro le dijo en privado a un periodista quien le preguntó si el presidente Medina iría a la reelección: “el presidente está en su trabajo inaugurando obras y haciendo visitas sorpresa”.

El año pasado, ante el mismo requerimiento, fue un poco más comprensivo  y dijo que el Partido de la Liberación Dominicana, PLD, dejaría en libertad a varios aspirantes que buscan la postulación para ver lo que los militantes opinan. Ese capítulo está en proceso.

Con las dudas de la oposición que cifran su quehacer en lo que hará el presidente Medina, ya Peralta no tendría mucho que comentar sino esperar hasta el plazo fatal del mes de junio cuando se inscribirán las candidaturas. Entonces tendría más sosiego.